La nueva normativa europea sobre IA y cómo afecta a los profesionales parasanitarios
La inteligencia artificial ya está entrando en los centros de bienestar, balnearios, spas, consultas de terapias manuales y gabinetes de profesionales parasanitarios.
Un masajista puede utilizar IA para preparar contenidos para Instagram. Un osteópata puede emplearla para organizar información de una historia clínica. Un acupuntor puede apoyarse en herramientas digitales para preparar material educativo. Un spa puede utilizar un chatbot para atender consultas de clientes. Un balneario puede utilizar algoritmos para personalizar recomendaciones.
Pero una pregunta empieza a ser fundamental:
¿Qué puedo hacer con la inteligencia artificial y qué responsabilidades tengo cuando la utilizo con mis clientes o pacientes?
La respuesta pasa, entre otras normas, por el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act), que entró en vigor el 1 de agosto de 2024 y cuya aplicación general se produce de forma progresiva. Algunas obligaciones ya son aplicables y el marco general alcanza un punto clave el 2 de agosto de 2026.
Y esto afecta mucho más de lo que podría parecer al sector parasanitario.
¿La ley de IA afecta a un masajista, osteópata o acupuntor?
No porque sea masajista, osteópata, acupuntor, naturopata o profesional de un spa.
La clave está en cómo utiliza la inteligencia artificial.
El Reglamento Europeo no establece una categoría especial denominada «profesionales parasanitarios». Clasifica los sistemas de IA según su finalidad y nivel de riesgo.
Por eso, utilizar ChatGPT para ayudarte a redactar una publicación sobre un masaje relajante no plantea el mismo escenario que utilizar una herramienta de IA para analizar datos de salud de un cliente y recomendar automáticamente un tratamiento.
Esta diferencia será fundamental.
1. La IA generativa también requiere responsabilidad
Imaginemos un spa que utiliza inteligencia artificial para generar publicaciones publicitarias.
La IA puede ayudar a redactar textos, crear imágenes, preparar campañas o responder preguntas frecuentes.
Pero el profesional sigue siendo responsable de lo que comunica.
No deberíamos publicar automáticamente afirmaciones como:
«Este tratamiento cura la ansiedad».
«Esta técnica elimina la fibromialgia».
«Esta terapia sustituye al tratamiento médico».
«Con este masaje se corrige definitivamente una determinada patología».
La IA puede generar textos convincentes y, al mismo tiempo, incorrectos.
Por eso, la revisión humana es imprescindible, especialmente cuando hablamos de salud, bienestar o tratamientos.
Además, determinadas obligaciones de transparencia del AI Act afectan a determinados usos de sistemas de IA, también fuera de los sistemas considerados de alto riesgo.
2. El gran tema para el sector: los datos de salud
Aquí aparece uno de los puntos más importantes.
Un centro de masaje, una consulta de osteopatía, un acupuntor, un balneario o un spa puede manejar información relacionada con la salud de sus clientes.
Dolores.
Lesiones.
Operaciones anteriores.
Medicaciones.
Alergias.
Embarazo.
Antecedentes.
Limitaciones físicas.
Fotografías.
Informes.
Cuestionarios.
Y si introducimos esta información en una herramienta de IA, no desaparecen nuestras obligaciones en materia de protección de datos.
El AI Act y el RGPD funcionan conjuntamente. La AEPD recuerda expresamente que un sistema de IA puede formar parte de un tratamiento de datos personales y que las obligaciones del RGPD siguen siendo aplicables.
Por tanto, una regla práctica muy sencilla sería:
No introduzcas datos identificativos o información sensible de un cliente en una herramienta de IA sin haber analizado previamente si puedes hacerlo legalmente.
No basta con pensar: «Es solo ChatGPT».
Hay que saber qué herramienta estamos utilizando, qué datos introducimos, para qué finalidad, qué tratamiento se realiza y qué garantías ofrece el proveedor.
3. ¿Y si utilizo IA para recomendar tratamientos?
Aquí la cuestión se vuelve mucho más delicada.
No es lo mismo utilizar IA para organizar una agenda que utilizarla para analizar síntomas y recomendar una intervención.
Por ejemplo:
Un programa que simplemente gestiona las citas de un spa tiene un riesgo muy diferente de un sistema que analiza información de una persona y propone automáticamente qué tratamiento debería recibir.
Y todavía más diferente sería un sistema diseñado para realizar funciones relacionadas con diagnóstico, prevención, seguimiento o tratamiento dentro del ámbito de un producto sanitario.
En determinados casos, los sistemas de IA vinculados a productos sanitarios pueden entrar dentro de categorías de alto riesgo, dependiendo de su finalidad y del marco normativo aplicable. Por eso no se puede afirmar que «toda IA sanitaria es de alto riesgo», pero tampoco que «si soy parasanitario la normativa no me afecta».
Hay que analizar cada herramienta y su finalidad.
4. Balnearios y spas: mucho potencial, pero también precaución
Los balnearios y spas probablemente serán algunos de los negocios con mayor potencial para aprovechar la IA.
Puede utilizarse para:
- gestionar reservas;
- responder preguntas frecuentes;
- personalizar comunicaciones;
- crear contenidos;
- analizar opiniones;
- mejorar la experiencia del cliente;
- organizar programas de fidelización;
- traducir contenidos;
- automatizar tareas administrativas.
Pero hay que diferenciar personalización comercial de recomendación sanitaria automatizada.
Una cosa es decir:
«Según tus preferencias, estos son los circuitos de spa disponibles».
Y otra muy diferente:
«Según tus síntomas y antecedentes, la IA determina qué tratamiento terapéutico necesitas».
Cuanto más nos acercamos a decisiones que afectan a la salud de una persona, mayor debe ser nuestra cautela.
5. Masajistas y terapeutas manuales
Para un masajista, la IA puede convertirse en una excelente herramienta profesional.
Puede ayudar a crear protocolos internos, material formativo, publicaciones, fichas informativas, traducciones o documentación.
Pero no debería convertirse en el «profesional invisible» que decide por nosotros.
La IA puede sugerir.
El profesional debe valorar.
Y cuando existe una situación que excede las competencias profesionales o aparecen signos de alarma, debe existir un criterio claro para derivar al cliente al profesional sanitario correspondiente.
6. Osteópatas, acupuntores y otros profesionales
En osteopatía, acupuntura, naturopatía y otras disciplinas pueden aparecer herramientas que prometen analizar síntomas, fotografías, cuestionarios o patrones corporales.
Aquí debemos tener especial cuidado con el llamado sesgo de automatización: la tendencia a confiar demasiado en una recomendación simplemente porque procede de un sistema tecnológico.
Que una IA diga:
«El cliente presenta X»
no significa que sea verdad.
La AEPD insiste en cuestiones como la exactitud de los datos utilizados por sistemas de IA, porque datos incorrectos pueden afectar al resultado y generar decisiones erróneas.
7. La formación en IA deja de ser opcional
Hay otro aspecto que muchas pequeñas empresas desconocen.
El artículo 4 del AI Act establece obligaciones relacionadas con la alfabetización en IA para proveedores y responsables del despliegue de sistemas de IA, teniendo en cuenta los conocimientos, experiencia, formación y contexto de uso de las personas que utilizan estos sistemas. Esta obligación comenzó a aplicarse el 2 de febrero de 2025.
Esto tiene una consecuencia muy interesante para nuestro sector:
No basta con comprar una herramienta de IA. Hay que saber utilizarla.
Un centro debería formar a sus trabajadores, al menos, en:
- qué puede hacer la IA;
- cuáles son sus limitaciones;
- cómo detectar errores;
- qué información nunca debe introducirse sin garantías;
- protección de datos;
- revisión humana;
- uso responsable de IA generativa;
- riesgos de las decisiones automatizadas.
8. ¿Qué debería hacer ahora un centro parasanitario?
Mi recomendación sería empezar por algo muy sencillo: hacer un inventario de todas las herramientas de IA que utiliza el negocio.
Chatbots.
Aplicaciones de marketing.
Generadores de imágenes.
Herramientas de transcripción.
Software de gestión.
Programas de análisis.
Sistemas de recomendación.
Aplicaciones de atención al cliente.
Después, clasificar cada herramienta:
¿Para qué la utilizamos?
¿Qué datos recibe?
¿Incluye datos personales o de salud?
¿Toma decisiones sobre personas?
¿Quién revisa sus resultados?
¿Qué información proporciona el proveedor sobre privacidad y cumplimiento?
Y, sobre todo:
¿Qué pasaría si la IA se equivoca?
Esta última pregunta es probablemente una de las más importantes.
La IA no va a desaparecer: debemos aprender a utilizarla bien
Para el sector de balnearios, spas, masajistas, osteópatas, acupuntores, naturopatas y profesionales del bienestar, la nueva normativa europea no debería interpretarse únicamente como una amenaza.
También puede ser una oportunidad.
Un sector que utiliza IA con formación, criterio profesional, protección de datos y supervisión humana puede diferenciarse de quienes simplemente copian y pegan lo que genera una máquina.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a trabajar mejor.
Pero no debe sustituir el criterio profesional, la responsabilidad ni el trato humano.
La pregunta ya no es:
«¿Voy a utilizar inteligencia artificial?»
La pregunta correcta es:
«¿Cómo voy a utilizarla de forma segura, ética y profesional?»
Y para los profesionales parasanitarios, empezar a responderla ahora puede ser una de las mejores inversiones de futuro.
Nota: este contenido tiene finalidad divulgativa y no constituye asesoramiento jurídico. La aplicación concreta del AI Act y del RGPD depende del sistema utilizado, su finalidad, los datos tratados y la actividad desarrollada.